Escrito y leído por Hernán Casciari
Suéñeme sucio, me dijo una vez
Tuesday, 18 December 2012 Comments Off
Qué güevonada tener un sueño húmedo que llega con 3 años de retraso.
Qué güevonada soñar con alguien a quien nunca en la vida voy a volver a ver.
Qué desperdicio tan pendejo del subconsciente.
Qué güevonada soñar con alguien a quien nunca en la vida voy a volver a ver.
Qué desperdicio tan pendejo del subconsciente.
Inventario de pérdidas
Saturday, 6 October 2012 Comments Off
Han venido todos a este sueño. Y quienes no pudieron venir enviaron a alguien que los representara. Como Nano que envió a su papá en un taxi para que hablara conmigo durante unas cuadras y me preguntara cómo estaba. O el barbón, que hizo que su hermano volviera a asustarme en un bicitaxi como esa vez en la que casi nos matamos en la moto yendo al Ministerio de Trabajo.
Tomás, como siempre, me hizo sentir incómoda. Tanto, que volví a volar en sueños, de prestado, porque tuve que usar un aparato para huir de él y de su conversación monótona sobre lo que pudimos ser y no fuimos. Empecé saltando para apartarme y terminé volando sobre las casas para que no pudiera hallarme de nuevo.
Con el Negro estuvimos sentados en una cama hablando hasta el hastío. Con su oído dispuesto, no sé qué tan atento, a mis historias inconclusas de desamores y de huídas.
A estas alturas de la vigilia el recuerdo del angelito está muy borrado. Tengo la impresión de que su parte del sueño resultó tranquila. Esa calma que su presencia me transmite en la vida real, ese saber estar sin palabras ni sobresaltos.
No, no han venido todos. Pero es que a los otros tampoco los recuerdo cuando estoy despierta.
Tomás, como siempre, me hizo sentir incómoda. Tanto, que volví a volar en sueños, de prestado, porque tuve que usar un aparato para huir de él y de su conversación monótona sobre lo que pudimos ser y no fuimos. Empecé saltando para apartarme y terminé volando sobre las casas para que no pudiera hallarme de nuevo.
Con el Negro estuvimos sentados en una cama hablando hasta el hastío. Con su oído dispuesto, no sé qué tan atento, a mis historias inconclusas de desamores y de huídas.
A estas alturas de la vigilia el recuerdo del angelito está muy borrado. Tengo la impresión de que su parte del sueño resultó tranquila. Esa calma que su presencia me transmite en la vida real, ese saber estar sin palabras ni sobresaltos.
No, no han venido todos. Pero es que a los otros tampoco los recuerdo cuando estoy despierta.
Dipsomaníacos
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Íbamos caminando con mis papás por el centro en un día soleado, tipo 4 p.m., cuando nos encontramos con las dos Magdas. Había una exposición de arte de la que ellas salían, a la que nosotros entrábamos. Magda, la menor, me regañó porque siempre le quedo mal en los planes pero ya que nos habíamos encontrado pues no íbamos a desaprovechar la oportunidad de irnos a tomar unas polas y hablar mierda.
Entramos a un edificio parecido a un hospital, lleno de salones de clase y de algún lado nos robamos una cama de hierro en la que nos fuimos rodando hacia La Candelaria. Llegamos a una esquina donde prometían una presentación en vivo y, milagrosamente, no había cover. No me sorprendí al ver en el fondo del bar al angelito y a Chiqui; pero tampoco quise acercarme a saludarlos, cada cual en su parche. El bar hasta ahora estaba abriendo, así que no había mucha gente.
No quedaba de la cerveza que yo quería; pero el mesero me dijo que dos locales más abajo la podía conseguir. Le dejé mis cosas a Magda y prometí traerle cigarrillos si se portaba bien.
Entré al otro local y esperé a que alguien me parara bolas. Cuando por fin me atendieron, me di cuenta que detrás de mí estaba el Negro. Supuse que estaba pasando vacaciones en Bogotá, quedándose donde algún amigo. Tampoco lo saludé. Al parecer, esa era la noche de mantener todas las promesas de huída de los últimos años. Sin embargo salimos al mismo tiempo del local y nos dirigimos hacia el mismo sitio. Caminamos un rato uno al lado del otro, en silencio, hasta que apresuré el paso y decidí seguir de largo.
Error, me perdí. Ya no encontraba el bar, ni a Magda, ni mis cosas. Cuando ya me había rendido el angelito apareció a mi lado, con la novia; y yo, que ya estaba muy ebria, caminaba en compañía de un perro que no se apartaba de mí. En mi estado sólo atinaba a decir incoherencias. Aunque no sabía muy bien si decir tanta bobada era culpa del alcohol o de esa estúpida reacción que tengo cada vez que lo veo.
Y así nos fuimos, muy avanzada la madrugada, caminando los cuatro en busca del bar donde seguramente ya estarían recogiendo mesas; pero donde podríamos refugiarnos del frío tan hijueputa que estaba haciendo.
⁂
¿Qué significará reunir en el mismo sueño a las tres personas con las que he bebido más alcohol en la vida? Seguramente nada. Y si realmente hubiera un significado oculto pues creo que ya no sé interpretar sueños.
Alguna vez, despierta, me preguntaste y yo te contesté que no. Pero te mentí, Negro, vos has sido, de lejos, el amigo más borracho que he tenido en la vida.
Dicen que si uno cuenta los sueños no se cumplen...
Friday, 13 July 2012 Comments Off
Papá se ofreció a llevarlo en el auto. No sé cómo llegó allí, ni cuándo nos conocimos. Es un tuitero más. Algún DM y una que otra canción.
Papá estaciona y nos bajamos porque hemos llegado. O más bien, ha llegado este otro señor. No sé a dónde. Yo hablo con mi papá mientras espero que el tuitero y mi sobrinita terminen de bajar del carro. Pero se demoran y no salen.
Rodeo el carro y alcanzo a darme cuenta de que él la tiene allí retenida. Cuando me acercó él se levanta y me dice que se le ha caído un cassette o algo, que está buscando, que no lo encuentra. Mi sobrinita tiene esa cara de terror que ponen los niños cuando no saben qué está pasando pero presienten que algo no va bien. Y se sienten culpables aunque no sea su culpa.
Reacciono como suelo hacerlo en la vigilia; no digo nada. Simplemente tomo de la mano a la niña y la llevo donde mi papá. Le digo que me voy con el tuitero, que nos vemos en la noche. Mientras caminamos, el tuitero se pone a hablarme de noticias que no me interesan, que ni siquiera oigo, porque voy muy ocupada pensando en cómo carajos voy a hacer para matarlo.
Papá estaciona y nos bajamos porque hemos llegado. O más bien, ha llegado este otro señor. No sé a dónde. Yo hablo con mi papá mientras espero que el tuitero y mi sobrinita terminen de bajar del carro. Pero se demoran y no salen.
Rodeo el carro y alcanzo a darme cuenta de que él la tiene allí retenida. Cuando me acercó él se levanta y me dice que se le ha caído un cassette o algo, que está buscando, que no lo encuentra. Mi sobrinita tiene esa cara de terror que ponen los niños cuando no saben qué está pasando pero presienten que algo no va bien. Y se sienten culpables aunque no sea su culpa.
Reacciono como suelo hacerlo en la vigilia; no digo nada. Simplemente tomo de la mano a la niña y la llevo donde mi papá. Le digo que me voy con el tuitero, que nos vemos en la noche. Mientras caminamos, el tuitero se pone a hablarme de noticias que no me interesan, que ni siquiera oigo, porque voy muy ocupada pensando en cómo carajos voy a hacer para matarlo.
Dreams come true
Monday, 9 July 2012 Comments Off
El señor acomodador en su infinita paranoia me dijo que si tomaba una foto más me sacaba del teatro. Así que muy obedientemente guardé la cámara y me limité a grabar el sonido del concierto, sin saber a ciencia cierta si lo estaba grabando bien o no.
Luego de cuatro años ahí estaban ellos, esa gente que ha servido de banda sonora a mis más recientes penas. A mis travesías solitarias en las ventanas del metro de Medellín. A las aburridoras horas laborales en el infierno. A las noches de prometido amor que terminaban en monólogos a dos voces. [La música que llevas en el alma para siempre es esa que te ha ayudado a sobrevivir].
Canté todas las canciones. Y lloré con esas que me [nos] dediqué tantas veces. Sin haberlo previsto estaba sola en la primera fila de la platea central. Completa y afortunadamente sola. Aunque alcanzaban a llegarme comentarios absurdos de la segunda fila que me empeñé en desoír para no amargarme el concierto. Pero también es verdad que nada podía fastidiarme ese momento.
Y entonces se acabó la última canción y la banda se alineó en el escenario, todo el público de pie en una ovación que apenas daba cuenta de la belleza del espectáculo, de la maravillosa voz de Lola, de las increíbles letras de Acho, del violín y el bandoneón que te sobrecogen el alma. Y entonces él quedó ahí enfrente, enfrente arriba y me sonrió. Y yo le dije 'Gracias' y aplaudí aún más fuerte y rápido, casi al ritmo de mi propio corazón. Olvidé volver a sacar la cámara, tomar la foto de esa gente que me hace tan feliz. Me quedé ahí aplaudiendo hasta que salieron del escenario...
Tumilonga Tenjo tomó una foto de ese instante, en el que él me mira y se sonríe. No me veo yo, una mano o una cabeza me tapa; pero no importa, sé que estaba allí. Feliz. Muy feliz.
Luego de cuatro años ahí estaban ellos, esa gente que ha servido de banda sonora a mis más recientes penas. A mis travesías solitarias en las ventanas del metro de Medellín. A las aburridoras horas laborales en el infierno. A las noches de prometido amor que terminaban en monólogos a dos voces. [La música que llevas en el alma para siempre es esa que te ha ayudado a sobrevivir].
Canté todas las canciones. Y lloré con esas que me [nos] dediqué tantas veces. Sin haberlo previsto estaba sola en la primera fila de la platea central. Completa y afortunadamente sola. Aunque alcanzaban a llegarme comentarios absurdos de la segunda fila que me empeñé en desoír para no amargarme el concierto. Pero también es verdad que nada podía fastidiarme ese momento.
Y entonces se acabó la última canción y la banda se alineó en el escenario, todo el público de pie en una ovación que apenas daba cuenta de la belleza del espectáculo, de la maravillosa voz de Lola, de las increíbles letras de Acho, del violín y el bandoneón que te sobrecogen el alma. Y entonces él quedó ahí enfrente, enfrente arriba y me sonrió. Y yo le dije 'Gracias' y aplaudí aún más fuerte y rápido, casi al ritmo de mi propio corazón. Olvidé volver a sacar la cámara, tomar la foto de esa gente que me hace tan feliz. Me quedé ahí aplaudiendo hasta que salieron del escenario...
Tumilonga Tenjo tomó una foto de ese instante, en el que él me mira y se sonríe. No me veo yo, una mano o una cabeza me tapa; pero no importa, sé que estaba allí. Feliz. Muy feliz.
Como es de bueno soñar en dibujitos, en blanco y negro
Tuesday, 22 May 2012 Comments Off
Era un recuerdo de mi profe. Ella recordaba al papá y bailaba. Un dúplex con un ventanal gigante. Todo lleno de música y luces amarillas.
Luego vino la historia. Dibujada en tinta china.
Una ciudad llena de grandes avenidas. Alguien los sigue, alguien que los quiere callar, alguien poderoso. Huyen en un carro mientras la ciudad se va llenando de agua. Los atacan con olas, quieren que el carro pierda la dirección para poder atraerlos hacia las paredes de los puentes donde se abren puertas que logran esquivar. Dentro del carro van riendo, la niña está tranquila, sabe que van a escapar.

