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Inventario de pérdidas

Saturday, 6 October 2012 Comments Off

Han venido todos a este sueño. Y quienes no pudieron venir enviaron a alguien que los representara. Como Nano que envió a su papá en un taxi para que hablara conmigo durante unas cuadras y me preguntara cómo estaba. O el barbón, que hizo que su hermano volviera a asustarme en un bicitaxi como esa vez en la que casi nos matamos en la moto yendo al Ministerio de Trabajo.

Tomás, como siempre, me hizo sentir incómoda. Tanto, que volví a volar en sueños, de prestado, porque tuve que usar un aparato para huir de él y de su conversación monótona sobre lo que pudimos ser y no fuimos. Empecé saltando para apartarme y terminé volando sobre las casas para que no pudiera hallarme de nuevo.

Con el Negro estuvimos sentados en una cama hablando hasta el hastío. Con su oído dispuesto, no sé qué tan atento, a mis historias inconclusas de desamores y de huídas.

A estas alturas de la vigilia el recuerdo del angelito está muy borrado. Tengo la impresión de que su parte del sueño resultó tranquila. Esa calma que su presencia me transmite en la vida real, ese saber estar sin palabras ni sobresaltos.

No, no han venido todos. Pero es que a los otros tampoco los recuerdo cuando estoy despierta.

Sin una buena excusa

Friday, 5 January 2007 § 0

¿Qué hacía yo en tu casa? Recuerdo estar en el segundo piso (que no era tu casa y se parecía más a la casa de mi abuela) sabiendo muy bien que andabas en carnavales y que por lo tanto no estarías allí. Confiada como estaba no escuché abrirse la puerta y sólo fui consciente de la voz de tu padre despidiendo a unos señores en el portal.

Ahora él se haría la misma pregunta que me hice al principio con la diferencia de que yo no tendría tiempo de pensar una respuesta satisfactoria para él. Y que además jamás conseguiría idear esa respuesta. Ubico una habitación completamente desordenada, que imagino es la tuya, y sin pensarlo dos veces me escondo debajo de la cama mientras tu padre sube las escaleras. Sorpresa para mi ver cómo desaparecen el colchón y las cobijas mientras tu padre cree estar hablando contigo. Sorpresa para él ver a esta mujer que tanto aborrece, debajo de las tablas de una cama que no ocultan nada.

Ahora vendría la pregunta y conociendo a tu padre iba a ser una pregunta silenciosa hecha sólo con los ojos y como bien sabíamos, no iba a existir una respuesta para él ni para mi... Acaso tú sabes, ¿qué hacía yo en tu casa, Tomás?