Han venido todos a este sueño. Y quienes no pudieron venir enviaron a alguien que los representara. Como Nano que envió a su papá en un taxi para que hablara conmigo durante unas cuadras y me preguntara cómo estaba. O el barbón, que hizo que su hermano volviera a asustarme en un bicitaxi como esa vez en la que casi nos matamos en la moto yendo al Ministerio de Trabajo.
Tomás, como siempre, me hizo sentir incómoda. Tanto, que volví a volar en sueños, de prestado, porque tuve que usar un aparato para huir de él y de su conversación monótona sobre lo que pudimos ser y no fuimos. Empecé saltando para apartarme y terminé volando sobre las casas para que no pudiera hallarme de nuevo.
Con el Negro estuvimos sentados en una cama hablando hasta el hastío. Con su oído dispuesto, no sé qué tan atento, a mis historias inconclusas de desamores y de huídas.
A estas alturas de la vigilia el recuerdo del angelito está muy borrado. Tengo la impresión de que su parte del sueño resultó tranquila. Esa calma que su presencia me transmite en la vida real, ese saber estar sin palabras ni sobresaltos.
No, no han venido todos. Pero es que a los otros tampoco los recuerdo cuando estoy despierta.
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De inquilinos
Thursday, 26 April 2007 Comments Off
Es una pradera completamente verde, de esas que tienen de fondo unas colinas redondas como en los paisajes que pinta uno de niño. Hace mucho frío y es temprano en la mañana.
Hay una casa pequeñita bastante descuidada. A él y a mí nos han dejado encargados de cuidarla, al parecer por un largo periodo de tiempo. Es tan pequeña.
Lo mejor es que atrás, en el fondo, hay otra casa, mucho más grande. Tanto que parece un castillo en una versión más simple. En ese momento pienso que de acá saldrían unas fotos preciosas que puedo compartir con mis amigos. Esta construcción también se encuentra algo abandonada. Nota mental: debo tomar una foto donde salgan las dos casas.
Entramos a esta segunda casa, a la grande. Es un salón gigantesco que está siendo redecorado o algo por el estilo y alrededor hay infinidad de puertas. Del salón principal se han llevado algunas esculturas y estatuas de yeso. ¿Cómo lo sé? No tengo idea porque además no ha quedado un solo rastro de ellas, simplemente lo sé. También sé que se han llevado los tapices y kilims que estaban en las paredes.
Hay mucha arena en el piso de este salón. Él me dice que tal vez pudiéramos quedarnos en esta casa y echar un vistazo de vez en cuando a la otra y cuidarla desde aquí. Pero ni siquiera tenemos las llaves de acá, pienso yo. Entonces él saca de su chaqueta un llavero enorme y me dice: probemos éstas.
Yo sólo empiezo a abrir, puerta tras puerta, todas las habitaciones de los pisos superiores.
Hay una casa pequeñita bastante descuidada. A él y a mí nos han dejado encargados de cuidarla, al parecer por un largo periodo de tiempo. Es tan pequeña.
Lo mejor es que atrás, en el fondo, hay otra casa, mucho más grande. Tanto que parece un castillo en una versión más simple. En ese momento pienso que de acá saldrían unas fotos preciosas que puedo compartir con mis amigos. Esta construcción también se encuentra algo abandonada. Nota mental: debo tomar una foto donde salgan las dos casas.
Entramos a esta segunda casa, a la grande. Es un salón gigantesco que está siendo redecorado o algo por el estilo y alrededor hay infinidad de puertas. Del salón principal se han llevado algunas esculturas y estatuas de yeso. ¿Cómo lo sé? No tengo idea porque además no ha quedado un solo rastro de ellas, simplemente lo sé. También sé que se han llevado los tapices y kilims que estaban en las paredes.
Hay mucha arena en el piso de este salón. Él me dice que tal vez pudiéramos quedarnos en esta casa y echar un vistazo de vez en cuando a la otra y cuidarla desde aquí. Pero ni siquiera tenemos las llaves de acá, pienso yo. Entonces él saca de su chaqueta un llavero enorme y me dice: probemos éstas.
Yo sólo empiezo a abrir, puerta tras puerta, todas las habitaciones de los pisos superiores.