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Dreams come true

Monday, 9 July 2012 Comments Off

El señor acomodador en su infinita paranoia me dijo que si tomaba una foto más me sacaba del teatro. Así que muy obedientemente guardé la cámara y me limité a grabar el sonido del concierto, sin saber a ciencia cierta si lo estaba grabando bien o no.

Luego de cuatro años ahí estaban ellos, esa gente que ha servido de banda sonora a mis más recientes penas. A mis travesías solitarias en las ventanas del metro de Medellín. A las aburridoras horas laborales en el infierno. A las noches de prometido amor que terminaban en monólogos a dos voces. [La música que llevas en el alma para siempre es esa que te ha ayudado a sobrevivir].

Canté todas las canciones. Y lloré con esas que me [nos] dediqué tantas veces. Sin haberlo previsto estaba sola en la primera fila de la platea central. Completa y afortunadamente sola. Aunque alcanzaban a llegarme comentarios absurdos de la segunda fila que me empeñé en desoír para no amargarme el concierto. Pero también es verdad que nada podía fastidiarme ese momento.

Y entonces se acabó la última canción y la banda se alineó en el escenario, todo el público de pie en una ovación que apenas daba cuenta de la belleza del espectáculo, de la maravillosa voz de Lola, de las increíbles letras de Acho, del violín y el bandoneón que te sobrecogen el alma. Y entonces él quedó ahí enfrente, enfrente arriba y me sonrió. Y yo le dije 'Gracias' y aplaudí aún más fuerte y rápido, casi al ritmo de mi propio corazón. Olvidé volver a sacar la cámara, tomar la foto de esa gente que me hace tan feliz. Me quedé ahí aplaudiendo hasta que salieron del escenario...

Tumilonga Tenjo tomó una foto de ese instante, en el que él me mira y se sonríe. No me veo yo, una mano o una cabeza me tapa; pero no importa, sé que estaba allí. Feliz. Muy feliz.

Malviajando en humo

Saturday, 14 November 2009 § 0

Llego a mi casa en Bogotá, al parecer no hay nadie, subo las escaleras, prendo el computador, rutina antigua. Primero la conexión a internet, luego el reproductor de música, luego el messenger...

Escucho el portón. Bajo corriendo dispuesta a abrazar al que haya llegado. Abro la puerta más pequeña, la blanca (las tres son blancas). Pero no es nadie, nadie corpóreo... es solo una sombra. Así que cierro la puerta rápidamente. Tengo que evitar a toda costa que entre a la casa. En este momento soy la responsable de la casa de mis papás, la casa de mi infancia, la casa donde viven todos mis recuerdos. La casa donde ya no vivo.

Echo llave a la puerta y me dirijo a la cocina. Quiero leche. Pero no alcanzo a llegar. Antes me despierto en mi cama en el dúplex en Medellín. Me despierto en el aquí y ahora. Respiro tranquila porque la casa de mis papás está a salvo (ellos están a salvo, ellas están a salvo). En sueños la he defendido.

Entonces alguien me abraza. Esa sombra que ha quedado por fuera de mi casa en Bogotá me abraza en Medellín. Y es cínica cuando me saluda, "creías haberte librado de mi" me dicen sus ojos que no veo... Para qué gritar, para qué intentar despertarme de este sueño que me angustia, sólo me abrazo las rodillas y espero a que la sombra decida irse y yo pueda despertarme de verdad esta vez.

Alteridad

Monday, 27 April 2009 Comments Off

Él es el típico gigoló seduciendo a una mujer casada. Y a las niñas que viven en la misma casa... Es patético, es el bobo de siempre, el de la labia acartonada, el que no tiene temas de qué hablar más allá de los comunes. Yo finjo dormir para que no me venga a importunar; pero aún así se acerca. Luego ya no hay más...

Es otra casa o estoy en otra parte del sueño. Salgo de ducharme y debo subir hasta el tercer (¿?) piso. Sé que la casa está llena de gente pero no se ve a nadie en la escalera blanca, ni en las ventanas blancas. Me acuesto a dormir y de pronto el cielo raso cambia. Ya no es blanco con amarillo-casi-dorado-traqueto sino que a veces se ve gris, como si estuviera superpuesto. Y es entonces que empiezo a sentir que algo se mueve bajo mi colchón. Y me pregunto dónde estoy. Si aún duermo tranquila en el camarote de la casa de mis padres. O si aún estoy en una cama individual en Medellín...

Estoy a nivel del piso, me digo, no puede haber nada debajo de mi, me digo, no hay nadie debajo. Pero siento unas manos que quieren salir. Hay algo dentro del colchón que lucha por salir. Y de pronto siento que esa presencia me traspasa. Y ya no es el sueño. Es ese estado próximo a la vigilia donde siento que la presencia de una mujer acaba de pasar a través de mi cuerpo y sale con un gemido.

Y yo ya no sé si me ha desplazado. No sé si sigo siendo yo o ahora soy ella. Y lo pienso mientras siento que mi cuerpo, sin posibilidad alguna de reaccionar, se va sumergiendo.

Ahora solo veo un techo gris que tiene una inscripción que no puedo leer porque no hay luz suficiente para hacerlo. Y se va alejando mientras yo me hundo en otra realidad. Y ella (¿yo?) se va apoderando de la mía (¿voy abandonando la suya?).

Hasta que respiro como si me faltara todo el aire del mundo. Y me despierto en una cama naranja mirando un techo blanco, sin sentirme completamente a salvo aún...

Lejana

Sunday, 15 February 2009 Comments Off

Un día soñé con la rehabilitación.
Con darme la oportunidad de vivir sin pensar en él cada día.

Un día alguien que no me conocía me ofreció la posibilidad.

Un día desperté en otra ciudad, bastante lejos de su sonrisa.
Esa que me convierte en una adicta presencial.

Ya no tengo opciones de recaer.
Es la oportunidad perfecta.

Pero traje conmigo
mi música con él,
mis recuerdos con él...

Ha de ser por eso que llevo 4 noches seguidas soñando con él.

Self Defense

Saturday, 8 September 2007 Comments Off

Delicioso baño de fin de semana. Con la casa solo para mí. La música a todo volumen, el baño lleno de vapor y el recuerdo de un delicioso té que había tomado justo antes de meterme a la ducha.

Ya estaba quitándome el champú cuando sentí su presencia. Creo que me di cuenta cuando por un segundo imperceptible la presión del agua bajó sin explicación aparente. Cerré la ducha y agudicé el oído, pero sólo escuchaba la música que sonaba desde el computador y que ahora maldecía por inoportuna.

Seguí con mi ritual cuando mi cerebro me calmó diciéndome que si alguien entrara a la casa mi perro sería el primero en reaccionar, y hasta el momento Sebastián no se había dejado sentir.

Pero entonces la otra parte de mi cerebro, [esa parte que colabora tan bien para que en la oficina crean que estoy chiflada] recordó que mi perro está muy viejo y que se está quedando sordo, lo más probable era que estuviera dormido y no hubiera escuchado nada. Peor aún, durmiendo lo había encontrado esa presencia y el pobre animalito no habría tenido tiempo de saber qué le había pasado. Palabras más, palabras menos: alguien había entrado a mi casa, había matado a mi perro y estaba esperando del otro lado de la puerta del baño para matarme a mí.

Me calmé... No había nadie en la casa, ni esperándome tras la puerta, ni quería matarme. Todo era efecto del té.

Sin embargo había que tomar precauciones, no fuera que...

Empecé a buscar cualquier cosa en el cuarto de baño que pudiera servirme: jabón líquido, desodorante en spray, agua oxigenada, talco. Nada parecía ser útil.

Volví a sentarme, tomar aire y repetirme [en voz baja, no fuera que estuviera escuchándome y delatara mi miedo] repetirme que todo era efecto del té, que nada era real, que no había nada que temer. Y entonces, vi mi salvación. Sabía que si conseguía concentrar toda mi fuerza en el brazo podría al menos escapar en el primer intento hacia la puerta de la calle y así estaría a salvo. Así que empuñé mi cepillo de dientes y me dispuse a salir.

¡Mi cepillo de dientes! ¬¬'


Soy consciente de que la historia es patética... pero aún así es peor. No es un sueño... simplemente es resultado de la paranoia de un mal viaje.
Igual, seguiré tomando leche cannabica y si hay puré de papas... mejor!!!

En ocasiones sueño despierta

Wednesday, 9 May 2007 Comments Off

Era demasiado amor. Demasiado grande, demasiado complicado, demasiado confuso, y arriesgado, y fecundo, y doloroso. Tanto como yo podía dar, más del que me convenía. Por eso se rompió. No se agotó, no se acabó, no se murió, sólo se rompió, se vino abajo como una torre demasiado alta, como una apuesta demasiado alta, como una esperanza demasiado alta.

Almudena Grandes Castillos de cartón


Nota: Hay sueños que tienen forma de burbujas.
No de aquellos que traen imágenes nocturnas sino estos que se dan en plena luz del día.