Como siempre mi puesto es al lado de la ventana. Hasta ahora está saliendo el sol y pueden verse los cerros tutelares de la ciudad, azules y cubiertos por la neblina de la mañana. El bus va casi vacío y los pocos que me acompañan duermen. Intuyo que el viaje será largo. El bus se detiene en un semáforo al lado de un parque de diversiones. Miro por la ventana y los veo. Ella [soy yo, eso lo sé aunque no se parece a mí. Es mas bien como si ella me estuviera representando] está ahí, de pie, hablando con él [que tampoco se parece al de las alitas. Son como dos actores interpretando algún episodio ficticio de nuestras vidas]. Ellos dos están [estamos] hablando, se están poniendo de acuerdo, están quedado de verse en algún lado más tarde. Se dan la mano, un pequeño beso y cada cual toma una dirección distinta [la dirección opuesta].
Y yo desde el asiento del bus, que por alguna razón me lleva a una reunión de mi antiguo colegio, me pregunto por qué hoy día no es así. Por qué no soy yo esa que se ríe, da la mano, da un beso y se va sólo momentáneamente. Esa que hubiera podido ser si las cosas salieran de vez en cuando como uno quiere.
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En ocasiones sueño despierta
Wednesday, 9 May 2007 Comments Off
Era demasiado amor. Demasiado grande, demasiado complicado, demasiado confuso, y arriesgado, y fecundo, y doloroso. Tanto como yo podía dar, más del que me convenía. Por eso se rompió. No se agotó, no se acabó, no se murió, sólo se rompió, se vino abajo como una torre demasiado alta, como una apuesta demasiado alta, como una esperanza demasiado alta.
Almudena Grandes Castillos de cartón
Nota: Hay sueños que tienen forma de burbujas.
No de aquellos que traen imágenes nocturnas sino estos que se dan en plena luz del día.