La hija de Ernesto juega frente a mi casa con su bici y su perro (tiene nombre de humano, igual que el mío), como parece que nadie la vigila me pongo a cuidarla. De niña yo también solía jugar en la calle pero el mundo ha cambiado mucho.
El mundo ha cambiado y la entrada a la universidad también, me dice Karim, mientras se va en un furgón de repartos. Entramos por un túnel peatonal gigantesco hasta el edificio de sociología (ambientado en el de matemáticas). Cuando subía las escaleras una chica que dice ser mi sobrina me alerta, según ella las dos personas que suben conmigo han matado escalones abajo a mi hermana. Sin pensarlo mucho agarro un lápiz rojo y otro amarillo para vengarla. No soy John Wick no más porque ninguno de los dos opuso resistencia.
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A la hora en la que escribo esto todo suena muy ridículo; sin embargo, me desperté con taquicardia de la impresión tan maluca que me causó este sueño. A Jotica la quiero tanto que pensar en lo que le hice en sueños me aterra. Además la chica esta no se parecía y ya estaba muy crecida para ser mi sobrina.
“Last night I dreamt I went to Manderley again.” ― Daphne du Maurier, Rebecca