Cuando ves a Linterna Verde en una librería intentando hallar una solución, piensas: "¿acaso es su última opción?"; pero cuando ves a varios súper héroes en una librería, con cara de circunstancias y con sus respectivos trajes de batalla y no de incógnito, piensas: "estamos fritos".
Pregunté si podía ser de ayuda y un hombre de barba, no muy convencido, me dijo que sí. Me pasó una hoja de cuaderno con mi nombre completo y un código alfanumérico, y entendí que era lo único que necesitaba saber [si igual me van a matar en una batalla, ¿para qué querría yo saber más?]. Doblé la hoja y me la guardé en el bolsillo.
Yo no quería ir sola, así que te pregunté si querías acompañarme y me respondiste: "bueno".
Intenté imaginar mil y una fórmulas para luchar; pero no se me ocurrió ninguna razonable. Tal vez algo me fuera revelado en el calor de la batalla, ¿quién sabe?
Así que estamos las dos de pie, en fila, en las puertas de una librería, junto a otros voluntarios tan incompetentes como nosotras, bajo una típica llovizna bogotana, esperando que algo de nuestra improvisada batalla sirva de ayuda para salvar al mundo.
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