14 de abril
Soñé que el de las alas había tenido una hija así que fui a visitarlos. Pequeñita, negrita y arrugada, como todos los bebés. Pero no como todos los bebés, era la bebé del de las alitas. Así que ella es especial. Cabe en mi mano izquierda y allí la sostengo mientras paso el índice derecho por su mejilla hermosa y le canto.
Luego estoy en Buenos Aires otra vez, estoy con Moisa y otro Shinji que me acompaña. Es el de las alitas pero distinto, más niño. Debe tener más o menos la misma edad que tenía cuando nos conocimos. Andábamos comprando alfajores en una tarde gris.
15 de abril
Hay una fiesta. Hay mucha luz. Por fin voy a estrenar el vestido blanco de puntos rojos. Pero no tengo zapatos. Tengo los converse blancos de cuero; pero blanco es una forma de decir. Así que Catalina me presta unas botas blancas. Todos están en las escaleras del edificio. Todos están inquietos. Hay una fiesta.
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Es raro esto de soñar cosas y decir que uno presiente.
Cuando le conté al angelito lo que había soñado me dijo que si implicaba multiplicación de la especie podía considerarse una pesadilla. Hubiera sido una pesadilla si hubiera soñado directamente con él, pero no. Soñé con ella, con un nueva parte de mi familia. Esta mañana llamó mi tía, Micaela nació a las 6 a.m.