En ocasiones sueño despierta

Wednesday, 9 May 2007 Comments Off

Era demasiado amor. Demasiado grande, demasiado complicado, demasiado confuso, y arriesgado, y fecundo, y doloroso. Tanto como yo podía dar, más del que me convenía. Por eso se rompió. No se agotó, no se acabó, no se murió, sólo se rompió, se vino abajo como una torre demasiado alta, como una apuesta demasiado alta, como una esperanza demasiado alta.

Almudena Grandes Castillos de cartón


Nota: Hay sueños que tienen forma de burbujas.
No de aquellos que traen imágenes nocturnas sino estos que se dan en plena luz del día.

De inquilinos

Thursday, 26 April 2007 Comments Off

Es una pradera completamente verde, de esas que tienen de fondo unas colinas redondas como en los paisajes que pinta uno de niño. Hace mucho frío y es temprano en la mañana.
Hay una casa pequeñita bastante descuidada. A él y a mí nos han dejado encargados de cuidarla, al parecer por un largo periodo de tiempo. Es tan pequeña.

Lo mejor es que atrás, en el fondo, hay otra casa, mucho más grande. Tanto que parece un castillo en una versión más simple. En ese momento pienso que de acá saldrían unas fotos preciosas que puedo compartir con mis amigos. Esta construcción también se encuentra algo abandonada. Nota mental: debo tomar una foto donde salgan las dos casas.

Entramos a esta segunda casa, a la grande. Es un salón gigantesco que está siendo redecorado o algo por el estilo y alrededor hay infinidad de puertas. Del salón principal se han llevado algunas esculturas y estatuas de yeso. ¿Cómo lo sé? No tengo idea porque además no ha quedado un solo rastro de ellas, simplemente lo sé. También sé que se han llevado los tapices y kilims que estaban en las paredes.

Hay mucha arena en el piso de este salón. Él me dice que tal vez pudiéramos quedarnos en esta casa y echar un vistazo de vez en cuando a la otra y cuidarla desde aquí. Pero ni siquiera tenemos las llaves de acá, pienso yo. Entonces él saca de su chaqueta un llavero enorme y me dice: probemos éstas.
Yo sólo empiezo a abrir, puerta tras puerta, todas las habitaciones de los pisos superiores.



Colcha de retazos

Friday, 19 January 2007 Comments Off

Tríptico

i. Buscando y escondiéndome de un amigo de la universidad, voy por la Avenida 19. Lo diviso a lo lejos cargando una carpa a cuestas. Me llama al celular, sé que me llama desde el otro lado de la avenida pero yo finjo estar lejísimos de allí. Entro a mi facultad y está toda desmantelada, aunque sigue ese color verde hospital en las paredes. Es una visión muy triste. Pero mis antiguos compañeros aún se encuentran en el centro de estudiantes y el ambiente se siente como si todo siguiera igual, como si nada hubiera cambiado.

ii. Sueño que estoy recostada durmiendo y en la mitad de ese segundo sueño grito, y ese grito me despierta (dentro del sueño) pero no es un sonido desgarrador, es más bien como un "noooohhhh" que suena a súplica... Una buena amiga se acerca y me tranquiliza. Por la puerta del cuarto aparece el de las alitas que trae unos papeles en la mano y unas revistas. Se acerca a mi cama, se sienta a mi lado, me pregunta si estoy bien y luego me da un besito de esquimal mientras me sigue haciendo preguntas...

iii. En una fiesta de yuppies pido el baño prestado para lavarme las manos. La llave del agua tiene esos sensores que se accionan pasando las manos por debajo. Miro hacia mi derecha y veo una ducha. Efectivamente, tres minutos después asomo la cabeza por la puerta, llamando a la dueña de casa para que por favor venga a cerrar la llave de la maldita ducha cuyo chorro me ha empapado de la cabeza a los pies...

Sin una buena excusa

Friday, 5 January 2007 § 0

¿Qué hacía yo en tu casa? Recuerdo estar en el segundo piso (que no era tu casa y se parecía más a la casa de mi abuela) sabiendo muy bien que andabas en carnavales y que por lo tanto no estarías allí. Confiada como estaba no escuché abrirse la puerta y sólo fui consciente de la voz de tu padre despidiendo a unos señores en el portal.

Ahora él se haría la misma pregunta que me hice al principio con la diferencia de que yo no tendría tiempo de pensar una respuesta satisfactoria para él. Y que además jamás conseguiría idear esa respuesta. Ubico una habitación completamente desordenada, que imagino es la tuya, y sin pensarlo dos veces me escondo debajo de la cama mientras tu padre sube las escaleras. Sorpresa para mi ver cómo desaparecen el colchón y las cobijas mientras tu padre cree estar hablando contigo. Sorpresa para él ver a esta mujer que tanto aborrece, debajo de las tablas de una cama que no ocultan nada.

Ahora vendría la pregunta y conociendo a tu padre iba a ser una pregunta silenciosa hecha sólo con los ojos y como bien sabíamos, no iba a existir una respuesta para él ni para mi... Acaso tú sabes, ¿qué hacía yo en tu casa, Tomás?

Trabajo con la voz

Thursday, 21 September 2006 Comments Off

Qué barrio tan triste, amarillo y polvoriento. Estoy en un local lleno de mesas que a esta hora de la mañana muestran lo maltratadas y viejas que están. Se presiente que en la noche este sitio es totalmente distinto, por las luces, la música y la gente. Pero en el momento no hay ni rastro de esa alegría. Yo no digo nada, como siempre, pero me preocupa la labor que tenga que hacer. Nadie me ha explicado nada pero ya me dieron el micrófono... y me sientan en una silla al lado de una pasarela.

El fin del mundo comienza en casa

Sunday, 16 July 2006 § 1

Estamos en crisis. Bueno, madre e hija están en crisis. Yo soy amiga de la hija y ella es una universitaria bastante culta y educada. La madre está un poco loca, en el buen sentido de la palabra, es decir algo disparatada e imprudente. Esta madre está muy triste pero no ha querido hablar con nadie.

En una habitación estamos la hija, yo y una señora gordita muy simpática que pregunta a la hija si no recuerda que cuando por curar sus propias heridas compró ese juego de alcoba en el que ahora duerme. La hija se siente apenada por no haber entendido a la madre: "Y entonces, ¿qué compró ella?", pregunta. Hasta el momento ninguna de las tres nos habíamos percatado que la madre había presenciado que hablábamos de ella, de su dolor y su paliativo. Oculta las lágrimas, se gira y se va golpeando la puerta.

La gordita simpática nos abre una puerta y entramos a un cuarto de baño recién decorado, completamente majestuoso. Un lavamanos de sobreponer y una tina hechos de vidrio opaco sobre bases de piedra oscura. No sé si este tipo de remodelaciones sirva para cicatrizar los dolores del alma, pero en este punto del sueño la hija y yo no sabíamos hacia donde mirar (¡¿?!).

El sonido de la música nos saca del encantamiento y bajamos las escaleras. Hay una cena de despedida, con ese tipo de elegancia fría que ofrece la diplomacia. No conozco a nadie y no sé por qué estoy allí. Un brindis y todos a la calle. Vamos caminando al amanecer mientras de todas las casas vecinas salen personas que se unen a esta masa humana que luego de despedirse de todos sus seres queridos caminan (conscientemente) hacia la desaparición de la ciudad.

Remedio para la tos

Thursday, 29 June 2006 § 1

Este es el sueño de una madrugada en la que la tos que tenía hace una semana ya había invitado a la fiebre a vivir conmigo:

Camino por una calle de casas blancas y altos edificios de apartamentos, voy buscando una dirección. En una esquina se encuentra la casa que busco, es blanca y toco el timbre. Pregunto por un doctor. Me abre la reja una indígena que me dice que el doctor no está y que puedo esperarlo adentro. Yo lo espero en la misma entrada, sin decidirme a terminar de bajar las escaleras en las que estoy, sin separarme de la reja de la calle. Ella se queda allí mirándome.

Me despierto, decido voltearme en mi cama hacia el lado izquierdo pero no encuentro comodidad, giro mi cuerpo hacia la derecha y empiezo a dar vueltas en la cama. Cada vez que lo hago siento que alguien me enrolla. Ahora siento que estoy dentro de una crisálida o que soy la presa de alguna araña que aprovecha mis movimientos para enredarme con su hilo.
Pero no me asusto porque alguien me dice al oído que cuando deje de moverme y rompa la envoltura de seda estaré curada...

El primero: un sueño en tecnicolor

Thursday, 1 June 2006 § 1


Es un escenario de arena con luces azules que iluminan de manera que el fondo se ve azul claro y la superficie azul oscura. La iluminación más fuerte proviene de atrás del telón, por lo tanto no distingo bien las figuras porque se confunden con su propia sombra. Me acerco para ver mejor. Hay una vasija, es algo así como un poporo y está roto en la parte inferior. Me acerco más, pero a medida que lo hago el hueco se va transformando en una boca. Y esta boca se va abriendo. Y grita. Y es un grito desgarrador.


⁂

"Mi sicólogo quiere conocerte”, me dijo Andrés. Esa tarde entré y hablé con un señor que sabía sobre mí un montón de cosas que yo ignoraba, un señor que me había visto hasta ese instante a través de los ojos de alguien más. Hablamos de señales y de cómo a veces creíamos ser capaces de presentir o incluso de profetizar. Él me habló de cómo su argolla de matrimonio un día se puso negra y se rompió. Yo le hablé de un reloj que se me escapó de la muñeca una noche cuando estiré la mano para agarrar un vaso en una mesa. Le hablé de lo que soñaba. “Me encanta como sueñas” y me pasó un correo electrónico para que escribiera mis sueños y se los fuera enviando. Nunca lo hice. Sin embargo, la idea me gustó y empecé, cada mañana, a transcribir en un cuaderno lo que acababa de soñar. Sólo para mí.

Luego de rechazarle un par de invitaciones a tomar café, el sicólogo se desvaneció.
Cuando mi matrimonio con Juan volvió a la normalidad, Andrés también se desvaneció.
Algunos años después se desvanecería Juan.

He seguido conociendo otras personas que tarde o temprano se desvanecen igual.
Sólo siguen constantes los sueños.
Consignados en un cuaderno.
Algunos aquí.