De inquilinos

Thursday, 26 April 2007 Comments Off

Es una pradera completamente verde, de esas que tienen de fondo unas colinas redondas como en los paisajes que pinta uno de niño. Hace mucho frío y es temprano en la mañana.
Hay una casa pequeñita bastante descuidada. A él y a mí nos han dejado encargados de cuidarla, al parecer por un largo periodo de tiempo. Es tan pequeña.

Lo mejor es que atrás, en el fondo, hay otra casa, mucho más grande. Tanto que parece un castillo en una versión más simple. En ese momento pienso que de acá saldrían unas fotos preciosas que puedo compartir con mis amigos. Esta construcción también se encuentra algo abandonada. Nota mental: debo tomar una foto donde salgan las dos casas.

Entramos a esta segunda casa, a la grande. Es un salón gigantesco que está siendo redecorado o algo por el estilo y alrededor hay infinidad de puertas. Del salón principal se han llevado algunas esculturas y estatuas de yeso. ¿Cómo lo sé? No tengo idea porque además no ha quedado un solo rastro de ellas, simplemente lo sé. También sé que se han llevado los tapices y kilims que estaban en las paredes.

Hay mucha arena en el piso de este salón. Él me dice que tal vez pudiéramos quedarnos en esta casa y echar un vistazo de vez en cuando a la otra y cuidarla desde aquí. Pero ni siquiera tenemos las llaves de acá, pienso yo. Entonces él saca de su chaqueta un llavero enorme y me dice: probemos éstas.
Yo sólo empiezo a abrir, puerta tras puerta, todas las habitaciones de los pisos superiores.



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