Venenos

Tuesday, 19 March 2013 Comments Off

La mujer lleva un plato con un muffin hasta la mesa.
Es para él.

Él sospecha, entonces le dice a ella que lo pruebe primero.
Ella muy juiciosa empieza a comer del muffin.

En sus ojos se nota el miedo del que conoce la manera en la que va a morir.

Leyendo en la espesura

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Las chicas querían ir al restaurante armenio a que les leyeran la borra del café. Yo quería ir porque simplemente nunca había estado en un restaurante armenio. La lectora no le pegó a nada. Pero esa noche soñé... 

Tu visita incomoda, mucho más si traés compañía. ¿Por qué me hacés visita si se nota que querés estar lejos de aquí? Como si no me hubiera dado cuenta de que no hiciste nada más sino tocarle las piernas todo el rato.

Así que a ustedes dos los voy despachando.

Llegué a la cocina y me puse a llorar.
Pero no por vos.
De repente sé que mi papá se ha muerto.
Que durante toda la visita sólo quería estar sola.
Que era una visita de pésame.

Apoyo la cabeza sobre el mesón de la cocina y veo grandes lágrimas estrellarse contra el suelo. Entrás a la cocina y me abrazás para consolarme. Yo siento con absoluta claridad que preferiría mil veces que te hubieras muerto vos y no mi papá.

Las caras en los sueños

Saturday, 9 February 2013 Comments Off

Escrito y leído por Hernán Casciari

Suéñeme sucio, me dijo una vez

Tuesday, 18 December 2012 Comments Off

Qué güevonada tener un sueño húmedo que llega con 3 años de retraso.
Qué güevonada soñar con alguien a quien nunca en la vida voy a volver a ver.
Qué desperdicio tan pendejo del subconsciente.

Inventario de pérdidas

Saturday, 6 October 2012 Comments Off

Han venido todos a este sueño. Y quienes no pudieron venir enviaron a alguien que los representara. Como Nano que envió a su papá en un taxi para que hablara conmigo durante unas cuadras y me preguntara cómo estaba. O el barbón, que hizo que su hermano volviera a asustarme en un bicitaxi como esa vez en la que casi nos matamos en la moto yendo al Ministerio de Trabajo.

Tomás, como siempre, me hizo sentir incómoda. Tanto, que volví a volar en sueños, de prestado, porque tuve que usar un aparato para huir de él y de su conversación monótona sobre lo que pudimos ser y no fuimos. Empecé saltando para apartarme y terminé volando sobre las casas para que no pudiera hallarme de nuevo.

Con el Negro estuvimos sentados en una cama hablando hasta el hastío. Con su oído dispuesto, no sé qué tan atento, a mis historias inconclusas de desamores y de huídas.

A estas alturas de la vigilia el recuerdo del angelito está muy borrado. Tengo la impresión de que su parte del sueño resultó tranquila. Esa calma que su presencia me transmite en la vida real, ese saber estar sin palabras ni sobresaltos.

No, no han venido todos. Pero es que a los otros tampoco los recuerdo cuando estoy despierta.

Y mientras tanto, en el departamento de Quejas y Reclamos

Friday, 20 July 2012 Comments Off


Dipsomaníacos

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Íbamos caminando con mis papás por el centro en un día soleado, tipo 4 p.m., cuando nos encontramos con las dos Magdas. Había una exposición de arte de la que ellas salían, a la que nosotros entrábamos. Magda, la menor, me regañó porque siempre le quedo mal en los planes pero ya que nos habíamos encontrado pues no íbamos a desaprovechar la oportunidad de irnos a tomar unas polas y hablar mierda.

Entramos a un edificio parecido a un hospital, lleno de salones de clase y de algún lado nos robamos una cama de hierro en la que nos fuimos rodando hacia La Candelaria. Llegamos a una esquina donde prometían una presentación en vivo y, milagrosamente, no había cover. No me sorprendí al ver en el fondo del bar al angelito y a Chiqui; pero tampoco quise acercarme a saludarlos, cada cual en su parche. El bar hasta ahora estaba abriendo, así que no había mucha gente.

No quedaba de la cerveza que yo quería; pero el mesero me dijo que dos locales más abajo la podía conseguir. Le dejé mis cosas a Magda y prometí traerle cigarrillos si se portaba bien.

Entré al otro local y esperé a que alguien me parara bolas. Cuando por fin me atendieron, me di cuenta que detrás de mí estaba el Negro. Supuse que estaba pasando vacaciones en Bogotá, quedándose donde algún amigo. Tampoco lo saludé. Al parecer, esa era la noche de mantener todas las promesas de huída de los últimos años. Sin embargo salimos al mismo tiempo del local y nos dirigimos hacia el mismo sitio. Caminamos un rato uno al lado del otro, en silencio, hasta que apresuré el paso y decidí seguir de largo.

Error, me perdí. Ya no encontraba el bar, ni a Magda, ni mis cosas. Cuando ya me había rendido el angelito apareció a mi lado, con la novia; y yo, que ya estaba muy ebria, caminaba en compañía de un perro que no se apartaba de mí. En mi estado sólo atinaba a decir incoherencias. Aunque no sabía muy bien si decir tanta bobada era culpa del alcohol o de esa estúpida reacción que tengo cada vez que lo veo.

Y así nos fuimos, muy avanzada la madrugada, caminando los cuatro en busca del bar donde seguramente ya estarían recogiendo mesas; pero donde podríamos refugiarnos del frío tan hijueputa que estaba haciendo.


⁂

¿Qué significará reunir en el mismo sueño a las tres personas con las que he bebido más alcohol en la vida? Seguramente nada. Y si realmente hubiera un significado oculto pues creo que ya no sé interpretar sueños.

Alguna vez, despierta, me preguntaste y yo te contesté que no. Pero te mentí, Negro, vos has sido, de lejos, el amigo más borracho que he tenido en la vida.

Dicen que si uno cuenta los sueños no se cumplen...

Friday, 13 July 2012 Comments Off

Papá se ofreció a llevarlo en el auto. No sé cómo llegó allí, ni cuándo nos conocimos. Es un tuitero más. Algún DM y una que otra canción.

Papá estaciona y nos bajamos porque hemos llegado. O más bien, ha llegado este otro señor. No sé a dónde. Yo hablo con mi papá mientras espero que el tuitero y mi sobrinita terminen de bajar del carro. Pero se demoran y no salen.

Rodeo el carro y alcanzo a darme cuenta de que él la tiene allí retenida. Cuando me acercó él se levanta y me dice que se le ha caído un cassette o algo, que está buscando, que no lo encuentra. Mi sobrinita tiene esa cara de terror que ponen los niños cuando no saben qué está pasando pero presienten que algo no va bien. Y se sienten culpables aunque no sea su culpa.

Reacciono como suelo hacerlo en la vigilia; no digo nada. Simplemente tomo de la mano a la niña y la llevo donde mi papá. Le digo que me voy con el tuitero, que nos vemos en la noche. Mientras caminamos, el tuitero se pone a hablarme de noticias que no me interesan, que ni siquiera oigo, porque voy muy ocupada pensando en cómo carajos voy a hacer para matarlo.