Cada vez que sueño con la oficina me levanto con la sensación de que en mi vida no existe el tiempo por fuera de ella ni los fines de semana...
y eso me enoja bastante.
Es volver a darme cuenta de que no es el trabajo de mis sueños.
Autosabotaje
Thursday, 20 August 2009 Comments Off
No puedes imaginarte lo frustrante que es soñar que me besas frente a una foto panorámica.
Hoy es el día 25 de quién sabe cuántos.
Hoy es el día 25 de quién sabe cuántos.
Alcohólico malviaje
Tuesday, 4 August 2009 Comments Off
Hablas en mis sueños pero no te oigo,
no entiendo lo que dices...
Bastante literal está resultando eso de
“no quiero hablar contigo a menos que
estemos en presencia de terceros”,
que ni siquiera en sueños quiero escucharte.
no entiendo lo que dices...
Bastante literal está resultando eso de
“no quiero hablar contigo a menos que
estemos en presencia de terceros”,
que ni siquiera en sueños quiero escucharte.
Me pediste que soñara con vos
Monday, 8 June 2009 Comments Off
Estamos dentro de un grupo de gente [¿turistas?], de esos que se forman cuando en Jueves Santo salen a recorrer monumentos, gente mayor. No, no tan mayor, gente como uno, si uno fuera como ellos.
Vamos por una avenida muy parecida a Las Américas, de esas que tienen grandes separadores cubiertos de prado. [sí, se parece mucho a las Américas con 33, a la altura de la Parroquia de Cosme y Damián] Ya está oscuro, deben ser las 7 de la noche.
Alguien está hablando de arquitectura en el momento en el que se te nota la cara de enfermo. Mi mamá sugiere que te vayas para la casa, porque se te ve muy mal. Yo veo la ocasión precisa para huir de ahí y me ofrezco a llevarte.
Cruzamos la avenida y entramos a un restaurante... es un espacio con paredes de ladrillo, tan estrecho como un pasillo, tan estrecho que uno no se explica cómo los viernes caben mesas y gente en el mismo lugar. Al fondo, hacia la izquierda, está la habitación. Junto a mí hay un niño que me ayuda a acostarte y me trae un paño húmedo para ponerte sobre la frente. Realmente estás muy mal pero no te quejas.
El niño me advierte que hay que cubrir la única ventana del lugar, para protegerte de la luz. No es que vaya a entrar nada por esa ventana cuya vista es sólo otra pared vieja. En todo caso con papel oscuro voy cubriéndola y de tanto en tanto me siento a tu lado para verte dormir, y mojar de nuevo el pañuelo en agua fria... y ponértelo sobre la frente.
Amanece.
Cuando me dijiste que soñara con angelitos y con vos en las propagandas, ya te había soñado 2 veces. Ésta es la número tres.
Vamos por una avenida muy parecida a Las Américas, de esas que tienen grandes separadores cubiertos de prado. [sí, se parece mucho a las Américas con 33, a la altura de la Parroquia de Cosme y Damián] Ya está oscuro, deben ser las 7 de la noche.
Alguien está hablando de arquitectura en el momento en el que se te nota la cara de enfermo. Mi mamá sugiere que te vayas para la casa, porque se te ve muy mal. Yo veo la ocasión precisa para huir de ahí y me ofrezco a llevarte.
Cruzamos la avenida y entramos a un restaurante... es un espacio con paredes de ladrillo, tan estrecho como un pasillo, tan estrecho que uno no se explica cómo los viernes caben mesas y gente en el mismo lugar. Al fondo, hacia la izquierda, está la habitación. Junto a mí hay un niño que me ayuda a acostarte y me trae un paño húmedo para ponerte sobre la frente. Realmente estás muy mal pero no te quejas. El niño me advierte que hay que cubrir la única ventana del lugar, para protegerte de la luz. No es que vaya a entrar nada por esa ventana cuya vista es sólo otra pared vieja. En todo caso con papel oscuro voy cubriéndola y de tanto en tanto me siento a tu lado para verte dormir, y mojar de nuevo el pañuelo en agua fria... y ponértelo sobre la frente.
Amanece.
Cuando me dijiste que soñara con angelitos y con vos en las propagandas, ya te había soñado 2 veces. Ésta es la número tres.
Alteridad
Monday, 27 April 2009 Comments Off
Él es el típico gigoló seduciendo a una mujer casada. Y a las niñas que viven en la misma casa... Es patético, es el bobo de siempre, el de la labia acartonada, el que no tiene temas de qué hablar más allá de los comunes. Yo finjo dormir para que no me venga a importunar; pero aún así se acerca. Luego ya no hay más...
Es otra casa o estoy en otra parte del sueño. Salgo de ducharme y debo subir hasta el tercer (¿?) piso. Sé que la casa está llena de gente pero no se ve a nadie en la escalera blanca, ni en las ventanas blancas. Me acuesto a dormir y de pronto el cielo raso cambia. Ya no es blanco con amarillo-casi-dorado-traqueto sino que a veces se ve gris, como si estuviera superpuesto. Y es entonces que empiezo a sentir que algo se mueve bajo mi colchón. Y me pregunto dónde estoy. Si aún duermo tranquila en el camarote de la casa de mis padres. O si aún estoy en una cama individual en Medellín...
Estoy a nivel del piso, me digo, no puede haber nada debajo de mi, me digo, no hay nadie debajo. Pero siento unas manos que quieren salir. Hay algo dentro del colchón que lucha por salir. Y de pronto siento que esa presencia me traspasa. Y ya no es el sueño. Es ese estado próximo a la vigilia donde siento que la presencia de una mujer acaba de pasar a través de mi cuerpo y sale con un gemido.
Y yo ya no sé si me ha desplazado. No sé si sigo siendo yo o ahora soy ella. Y lo pienso mientras siento que mi cuerpo, sin posibilidad alguna de reaccionar, se va sumergiendo.
Ahora solo veo un techo gris que tiene una inscripción que no puedo leer porque no hay luz suficiente para hacerlo. Y se va alejando mientras yo me hundo en otra realidad. Y ella (¿yo?) se va apoderando de la mía (¿voy abandonando la suya?).
Hasta que respiro como si me faltara todo el aire del mundo. Y me despierto en una cama naranja mirando un techo blanco, sin sentirme completamente a salvo aún...
Es otra casa o estoy en otra parte del sueño. Salgo de ducharme y debo subir hasta el tercer (¿?) piso. Sé que la casa está llena de gente pero no se ve a nadie en la escalera blanca, ni en las ventanas blancas. Me acuesto a dormir y de pronto el cielo raso cambia. Ya no es blanco con amarillo-casi-dorado-traqueto sino que a veces se ve gris, como si estuviera superpuesto. Y es entonces que empiezo a sentir que algo se mueve bajo mi colchón. Y me pregunto dónde estoy. Si aún duermo tranquila en el camarote de la casa de mis padres. O si aún estoy en una cama individual en Medellín...
Estoy a nivel del piso, me digo, no puede haber nada debajo de mi, me digo, no hay nadie debajo. Pero siento unas manos que quieren salir. Hay algo dentro del colchón que lucha por salir. Y de pronto siento que esa presencia me traspasa. Y ya no es el sueño. Es ese estado próximo a la vigilia donde siento que la presencia de una mujer acaba de pasar a través de mi cuerpo y sale con un gemido.
Y yo ya no sé si me ha desplazado. No sé si sigo siendo yo o ahora soy ella. Y lo pienso mientras siento que mi cuerpo, sin posibilidad alguna de reaccionar, se va sumergiendo.
Ahora solo veo un techo gris que tiene una inscripción que no puedo leer porque no hay luz suficiente para hacerlo. Y se va alejando mientras yo me hundo en otra realidad. Y ella (¿yo?) se va apoderando de la mía (¿voy abandonando la suya?).
Hasta que respiro como si me faltara todo el aire del mundo. Y me despierto en una cama naranja mirando un techo blanco, sin sentirme completamente a salvo aún...
Lejana
Sunday, 15 February 2009 Comments Off
Un día soñé con la rehabilitación.
Con darme la oportunidad de vivir sin pensar en él cada día.
Un día alguien que no me conocía me ofreció la posibilidad.
Un día desperté en otra ciudad, bastante lejos de su sonrisa.
Esa que me convierte en una adicta presencial.
Ya no tengo opciones de recaer.
Es la oportunidad perfecta.
Pero traje conmigo
mi música con él,
mis recuerdos con él...
Ha de ser por eso que llevo 4 noches seguidas soñando con él.
Con darme la oportunidad de vivir sin pensar en él cada día.
Un día alguien que no me conocía me ofreció la posibilidad.
Un día desperté en otra ciudad, bastante lejos de su sonrisa.
Esa que me convierte en una adicta presencial.
Ya no tengo opciones de recaer.
Es la oportunidad perfecta.
Pero traje conmigo
mi música con él,
mis recuerdos con él...
Ha de ser por eso que llevo 4 noches seguidas soñando con él.
La princesita es un dragón
Wednesday, 28 January 2009 Comments Off
Qué delicia llegar a casa en un hermoso atardecer, de esos que van del naranja hacia el rojo...
Ver las montañas y los alrededores lleno de flores de todos los colores y ser recibido con burbujas de jabón.
Abrir la puerta, entrar a un jardín japonés y encontrarme con mi hermana.
— Vino a visitarte, me dice Pola.
— Sí, es imposible no sentir su presencia, digo yo.
Sobre nosotras, en el cielo, sobrevolaba un dragón gigante, mitad gris, mitad lila, mitad rosado, mitad blanco. Mi hermana y yo corríamos por todo el jardín, explotando las burbujas de jabón con las que nos saludaba Judith.

*Imagen perteneciente a BEL-DIN
Ver las montañas y los alrededores lleno de flores de todos los colores y ser recibido con burbujas de jabón.
Abrir la puerta, entrar a un jardín japonés y encontrarme con mi hermana.
— Vino a visitarte, me dice Pola.
— Sí, es imposible no sentir su presencia, digo yo.
Sobre nosotras, en el cielo, sobrevolaba un dragón gigante, mitad gris, mitad lila, mitad rosado, mitad blanco. Mi hermana y yo corríamos por todo el jardín, explotando las burbujas de jabón con las que nos saludaba Judith.
*Imagen perteneciente a BEL-DIN
¿Y quién me salva a mí?
Saturday, 11 October 2008 Comments Off
Cuando ves a Linterna Verde en una librería intentando hallar una solución, piensas: "¿acaso es su última opción?"; pero cuando ves a varios súper héroes en una librería, con cara de circunstancias y con sus respectivos trajes de batalla y no de incógnito, piensas: "estamos fritos".
Pregunté si podía ser de ayuda y un hombre de barba, no muy convencido, me dijo que sí. Me pasó una hoja de cuaderno con mi nombre completo y un código alfanumérico, y entendí que era lo único que necesitaba saber [si igual me van a matar en una batalla, ¿para qué querría yo saber más?]. Doblé la hoja y me la guardé en el bolsillo.
Yo no quería ir sola, así que te pregunté si querías acompañarme y me respondiste: "bueno".
Intenté imaginar mil y una fórmulas para luchar; pero no se me ocurrió ninguna razonable. Tal vez algo me fuera revelado en el calor de la batalla, ¿quién sabe?
Así que estamos las dos de pie, en fila, en las puertas de una librería, junto a otros voluntarios tan incompetentes como nosotras, bajo una típica llovizna bogotana, esperando que algo de nuestra improvisada batalla sirva de ayuda para salvar al mundo.
Pregunté si podía ser de ayuda y un hombre de barba, no muy convencido, me dijo que sí. Me pasó una hoja de cuaderno con mi nombre completo y un código alfanumérico, y entendí que era lo único que necesitaba saber [si igual me van a matar en una batalla, ¿para qué querría yo saber más?]. Doblé la hoja y me la guardé en el bolsillo.
Yo no quería ir sola, así que te pregunté si querías acompañarme y me respondiste: "bueno".
Intenté imaginar mil y una fórmulas para luchar; pero no se me ocurrió ninguna razonable. Tal vez algo me fuera revelado en el calor de la batalla, ¿quién sabe?
Así que estamos las dos de pie, en fila, en las puertas de una librería, junto a otros voluntarios tan incompetentes como nosotras, bajo una típica llovizna bogotana, esperando que algo de nuestra improvisada batalla sirva de ayuda para salvar al mundo.