Trabajo con la voz
Thursday, 21 September 2006 Comments Off
Qué barrio tan triste, amarillo y polvoriento. Estoy en un local lleno de mesas que a esta hora de la mañana muestran lo maltratadas y viejas que están. Se presiente que en la noche este sitio es totalmente distinto, por las luces, la música y la gente. Pero en el momento no hay ni rastro de esa alegría. Yo no digo nada, como siempre, pero me preocupa la labor que tenga que hacer. Nadie me ha explicado nada pero ya me dieron el micrófono... y me sientan en una silla al lado de una pasarela.
El fin del mundo comienza en casa
Sunday, 16 July 2006 § 1
Estamos en crisis. Bueno, madre e hija están en crisis. Yo soy amiga de la hija y ella es una universitaria bastante culta y educada. La madre está un poco loca, en el buen sentido de la palabra, es decir algo disparatada e imprudente. Esta madre está muy triste pero no ha querido hablar con nadie.
En una habitación estamos la hija, yo y una señora gordita muy simpática que pregunta a la hija si no recuerda que cuando por curar sus propias heridas compró ese juego de alcoba en el que ahora duerme. La hija se siente apenada por no haber entendido a la madre: "Y entonces, ¿qué compró ella?", pregunta. Hasta el momento ninguna de las tres nos habíamos percatado que la madre había presenciado que hablábamos de ella, de su dolor y su paliativo. Oculta las lágrimas, se gira y se va golpeando la puerta.
La gordita simpática nos abre una puerta y entramos a un cuarto de baño recién decorado, completamente majestuoso. Un lavamanos de sobreponer y una tina hechos de vidrio opaco sobre bases de piedra oscura. No sé si este tipo de remodelaciones sirva para cicatrizar los dolores del alma, pero en este punto del sueño la hija y yo no sabíamos hacia donde mirar (¡¿?!).
El sonido de la música nos saca del encantamiento y bajamos las escaleras. Hay una cena de despedida, con ese tipo de elegancia fría que ofrece la diplomacia. No conozco a nadie y no sé por qué estoy allí. Un brindis y todos a la calle. Vamos caminando al amanecer mientras de todas las casas vecinas salen personas que se unen a esta masa humana que luego de despedirse de todos sus seres queridos caminan (conscientemente) hacia la desaparición de la ciudad.
En una habitación estamos la hija, yo y una señora gordita muy simpática que pregunta a la hija si no recuerda que cuando por curar sus propias heridas compró ese juego de alcoba en el que ahora duerme. La hija se siente apenada por no haber entendido a la madre: "Y entonces, ¿qué compró ella?", pregunta. Hasta el momento ninguna de las tres nos habíamos percatado que la madre había presenciado que hablábamos de ella, de su dolor y su paliativo. Oculta las lágrimas, se gira y se va golpeando la puerta.
La gordita simpática nos abre una puerta y entramos a un cuarto de baño recién decorado, completamente majestuoso. Un lavamanos de sobreponer y una tina hechos de vidrio opaco sobre bases de piedra oscura. No sé si este tipo de remodelaciones sirva para cicatrizar los dolores del alma, pero en este punto del sueño la hija y yo no sabíamos hacia donde mirar (¡¿?!).
El sonido de la música nos saca del encantamiento y bajamos las escaleras. Hay una cena de despedida, con ese tipo de elegancia fría que ofrece la diplomacia. No conozco a nadie y no sé por qué estoy allí. Un brindis y todos a la calle. Vamos caminando al amanecer mientras de todas las casas vecinas salen personas que se unen a esta masa humana que luego de despedirse de todos sus seres queridos caminan (conscientemente) hacia la desaparición de la ciudad.
Remedio para la tos
Thursday, 29 June 2006 § 1
Este es el sueño de una madrugada en la que la tos que tenía hace una semana ya había invitado a la fiebre a vivir conmigo:
Camino por una calle de casas blancas y altos edificios de apartamentos, voy buscando una dirección. En una esquina se encuentra la casa que busco, es blanca y toco el timbre. Pregunto por un doctor. Me abre la reja una indígena que me dice que el doctor no está y que puedo esperarlo adentro. Yo lo espero en la misma entrada, sin decidirme a terminar de bajar las escaleras en las que estoy, sin separarme de la reja de la calle. Ella se queda allí mirándome.
Me despierto, decido voltearme en mi cama hacia el lado izquierdo pero no encuentro comodidad, giro mi cuerpo hacia la derecha y empiezo a dar vueltas en la cama. Cada vez que lo hago siento que alguien me enrolla. Ahora siento que estoy dentro de una crisálida o que soy la presa de alguna araña que aprovecha mis movimientos para enredarme con su hilo.
Pero no me asusto porque alguien me dice al oído que cuando deje de moverme y rompa la envoltura de seda estaré curada...
Camino por una calle de casas blancas y altos edificios de apartamentos, voy buscando una dirección. En una esquina se encuentra la casa que busco, es blanca y toco el timbre. Pregunto por un doctor. Me abre la reja una indígena que me dice que el doctor no está y que puedo esperarlo adentro. Yo lo espero en la misma entrada, sin decidirme a terminar de bajar las escaleras en las que estoy, sin separarme de la reja de la calle. Ella se queda allí mirándome.
Me despierto, decido voltearme en mi cama hacia el lado izquierdo pero no encuentro comodidad, giro mi cuerpo hacia la derecha y empiezo a dar vueltas en la cama. Cada vez que lo hago siento que alguien me enrolla. Ahora siento que estoy dentro de una crisálida o que soy la presa de alguna araña que aprovecha mis movimientos para enredarme con su hilo.
Pero no me asusto porque alguien me dice al oído que cuando deje de moverme y rompa la envoltura de seda estaré curada...
El primero: un sueño en tecnicolor
Thursday, 1 June 2006 § 1
Es un escenario de arena con luces azules que iluminan de manera que el fondo se ve azul claro y la superficie azul oscura. La iluminación más fuerte proviene de atrás del telón, por lo tanto no distingo bien las figuras porque se confunden con su propia sombra. Me acerco para ver mejor. Hay una vasija, es algo así como un poporo y está roto en la parte inferior. Me acerco más, pero a medida que lo hago el hueco se va transformando en una boca. Y esta boca se va abriendo. Y grita. Y es un grito desgarrador.
⁂
"Mi sicólogo quiere conocerte”, me dijo Andrés. Esa tarde entré y hablé con un señor que sabía sobre mí un montón de cosas que yo ignoraba, un señor que me había visto hasta ese instante a través de los ojos de alguien más. Hablamos de señales y de cómo a veces creíamos ser capaces de presentir o incluso de profetizar. Él me habló de cómo su argolla de matrimonio un día se puso negra y se rompió. Yo le hablé de un reloj que se me escapó de la muñeca una noche cuando estiré la mano para agarrar un vaso en una mesa. Le hablé de lo que soñaba. “Me encanta como sueñas” y me pasó un correo electrónico para que escribiera mis sueños y se los fuera enviando. Nunca lo hice. Sin embargo, la idea me gustó y empecé, cada mañana, a transcribir en un cuaderno lo que acababa de soñar. Sólo para mí.
Luego de rechazarle un par de invitaciones a tomar café, el sicólogo se desvaneció.
Cuando mi matrimonio con Juan volvió a la normalidad, Andrés también se desvaneció.
Algunos años después se desvanecería Juan.
He seguido conociendo otras personas que tarde o temprano se desvanecen igual.
Sólo siguen constantes los sueños.
Consignados en un cuaderno.
Algunos aquí.
A modo de introducción
Saturday, 27 May 2006 Comments Off
Nunca duermo: vivo y sueño o mejor dicho, sueño en vida y al dormir, que también es vida. No hay interrupción en mi conciencia: siento lo que me rodea si todavía no duermo, o si no duermo bien; entro luego a soñar desde que duermo de verdad. Así, lo que soy es un perpetuo desenrollarse de imágenes, conexas o inconexas, que fingen siempre que son exteriores, unas situadas entre los hombres y la luz si estoy despierto, otras situadas entre los fantasmas y la sin-luz que se ve, si estoy durmiendo. Verdaderamente, no sé cómo distinguir una cosa de la otra, ni oso afirmar si no duermo cuando estoy despierto, si no estoy despertando cuando duermo. La vida es un ovillo que alguien ha enmarañado. Hay un sentido en ella, si estuviera desenrollada y puesta a lo largo, o bien enrollada. Pero, tal como está, es un problema sin ovillo propio, un embrollarse sin donde.
Fernando Pessoa "Libro del desasosiego"
Escucho resonar el agua que cae en mi sueño. Las palabras caen como el agua yo caigo. Dibujo en mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis aguas, me digo mis silencios. Toda la noche espero que mi lenguaje logre configurarme. Y pienso en el viento que viene hacia mí, permanece en mí. Toda la noche he caminado bajo la lluvia desconocida. A mí me han dado un silencio pleno de formas y visiones (dices). Y corres desolada como el único pájaro en el viento.
Alejandra Pizarnik "L'obscurité des eaux"